Shohei se escribe con la S de Superman, superlativo, salvaje, seguridad.
Y de acuerdo a su papá Toru, de 55 años de edad, Sho proviene del legendario comandante japonés Minamoto Yoshitsune (1159-1189) y Hei está asociado con una mítica lectura en el nombre de Hiraizumi.
Ohtani, el pelotero que ha puesto de cabeza a las Grandes Ligas en los últimos tres años, es el menor de tres hermanos y el único que jugó desde las ligas pequeñas a los 7 años de edad en Mizusawa, al norte de Japón.

Su padre era un empleado de la empresa Mitsubishi y sacó adelante a sus hijos con muchos sacrificios, mientras se daba tiempo para jugar beisbol a nivel amateur y su esposa era jugadora de badminton en la misma empresa.
Toru, quien se lamenta de no haber podido entrenar al mayor Ryuta –en su ajetreado trabajo armando automóviles–, describe a Shohei de niño:
«Se involucraba activamente en lo que le interesaba y si no lo vigilabas, era peligroso. Como niño intentaba hacer cualquier cosa y eso me ponía nervioso».
Shohei se había mostrado muy decidido a jugar beisbol desde pequeño, a diferencia del temeroso Ryuta a esa misma edad.
«En una ocasión (Shohei) se enojó y protestó porque alguien le arrugó su cuaderno de la escuela. Y le dije: ‘No te fijes en cosas pequeñas».
Toru fue su mentor, el que lo instruyó a batear y lanzar la pelota en la secundaria, cuando lo aceptaron como coach del equipo en su tiempo libre.
Sin embargo, más que su influencia técnica, fueron sus valores y la disciplina de entrenamiento los que llevaron a Othani a ser firmado por los Luchadores de Nippon Ham (2016), con quienes saltó a la fama como lanzador y bateador de la Liga Japonesa antes de ser negociado a los Angels de Los Angeles.
Hoy Shohei está proyectado para convertirse quizás en el primer pelotero de la historia con un contrato de 450 millones de dólares e hipotéticamente tendría el dineeo para adquirir una gran parte de Mitsubishi.
Sí, la compañía donde Toru entregó gran parte de su vida ensamblando carros para darles una vida digna.

