CHARLANDO DE BEISBOL

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Por Rodrigo Robles / @rodrigoroblesb

Enrique Romo Navarro

Veracruz, Ver., MÉXICO. – “El beisbol, se dice, es solo un juego. Cierto. Y el Gran Cañón es solo un agujero en Arizona», GEORGE WILL. –

** TRIGÉSIMO CUARTO MEXICANO EN MLB. – Es originario del Puerto de Santa Rosalía, Baja California Sur, donde nació el 15 de julio de 1947. Fue uno de los nueve hijos que procrearon Santos Romo y Rosario Navarro.

Uno de sus hermanos, Vicente, cuatro años mayor, también llegó a jugar en Grandes Ligas. Como a Vicente le apodaron el «Huevo», era común que a Enrique le llamaran el «Huevito». Otro de los hermanos, José María, solo alcanzó a jugar en Liga Mexicana.

Cuando Enrique tenía 5 años, su familia cruzó el mar de Cortés para asentarse en Guaymas, donde comenzó a jugar beisbol en ligas infantiles a la edad de 12 años. A los 16 se involucró en la Armada de México, sin embargo jugar al beisbol le llamaba más la atención y a los 18 años comenzó a jugar profesionalmente como jardinero.

Sus inicios fueron en 1966 en la Liga del Sureste con Puerto México (Coatzacoalcos), sucursal de los Charros de Jalisco, donde influido por su hermano Vicente, decidió hacer la transición de jardinero a pitcher, donde participó en 22 duelos, lanzó 61 entradas, ganó un juego y perdió dos, con efectividad de 3.10.

En 1967 regreso a Puerto México y en 18 juegos ganó cuatro y perdió cinco, con 3.74 de PCLA en 18 juegos y 82 innings trabajados. En invierno de ese año reportó con los a la postre campeones Ostioneros de Guaymas donde fue Novato del Año de la Liga Mexicana del Pacífico (15-4, 1.53).

Debutó en la Liga Mexicana de Beisbol en 1968 y tuvo un periplo de 11 temporadas, cuatro con Charros de Jalisco, Algodoneros de Unión Laguna en 1972 y en 1973 llegó a los Diablos Rojos del México con los que militó cuatro campañas más.

En 1977 hubo expansión en Grandes Ligas y así nacieron los Marineros de Seattle, el equipo que le dio la oportunidad de debutar el jueves siete de abril a los 29 años de edad. Abrió el juego ante los Serafines de California en el Kingdome, trabajó siete entradas de dos carreras, solo permitió cuatro imparables, regaló tres bases y ponchó a nueve. Números impresionantes, pero su contrincante en la loma era Nolan Ryan que tiro blanqueada de tres hits.

Al final de su temporada de debut tuvo récord de 8-10, efectividad de 2.83, 105 ponches en 58 juegos, 55 de ellos como relevista.

Para la campaña de 1978 mejoró su marca a 11-7, 3.69, 62 ponches y 10 juegos salvados. Sin embargo al final de la temporada fue cambiado a los Piratas de Pittsburgh junto a Rick Jones y Tom McMillan a cambio del también mexicano Mario Mendoza, Odell Jones y Rafael Vázquez.

Romo llegó a fortalecer el bullpen de los «Bucaneros», en la temṕorada ganó 10 juegos, salvó cinco y junto con sus compañeros se enfilaron hasta la Serie Mundial donde derrotaron en cinco juegos a los Orioles de Baltimore; Romo vió acción en dos juegos.

En el primer juego el Memorial Stadium lanzó la quinta entrada sin permitir anotaciones a pesar de otorgar dos bases por bolas. En el Juego Tres en el Three Rivers Stadium, reemplazó al abridor John Candelaria en la cuarta entrada luego de que Kiko García despejara las bases con un triple. Romo golpeó a un bateador y permitió un sencillo, permitiendo a los Orioles anotar dos carreras más y extender su ventaja a 7-3. Lanzó 2.2 entradas más, permitió una carrera y cuatro indiscutibles.

Molestias en el brazo, atribuidas al intenso frío, impidieron que Romo lanzara en los otros cuatro juegos.

Para 1980 apareció en 74 juegos ese año, lanzó 123⅔ entradas y registró un récord de 5-5 con una efectividad de 3.27 y 11 salvamentos, pero se le recuerda un notable jonrón con casa llena el primero de octubre en Shea Stadium de Nueva York ante el relevista Roy Lee Jackson. En total tuvo tres hits en 37 turnos en Grandes Ligas (.270).

Romo lanzó dos años más en Ligas Mayores, siendo su último juego el primero de octubre, pero de 1982, contra los Expos de Montreal, colgando una argolla. Al final de esa temporada en la que ganó 9 y perdió tres, el manager Chuck Tanner lo multó con casi 10,000 dólares por indisciplina al faltar a un juego sin justificación.

Para 1983 los Piratas le ofrecieron un millón de dólares más a parte de su contrato de $700 dólares por dos años, pero Romo no aceptó y optó por retirarse. El porqué tomó esa decisión sigue siendo un misterio hoy en día.

En 2003 emuló a su hermano Vicente al ser entronizado al Salón de la Fama del Beisbol Mexicano, haciendo historia al ser los primeros hermanos en compartir un nicho.

«Convertirse en un valiente no es la meta. Eso es imposible. Se trata de aprender cómo controlar tu miedo y cómo liberarse de él», VERÓNICA ROTH en Divergente. –

rodrigoroblesbrena@gmail.com

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